La primicia de la imagen
1.1. Homo sapiens
Lo que hace único al homo sapiens es su capacidad simbólica, la cual se despliega en el lenguaje. El lenguaje que caracteriza e instituye al hombre como animal simbólico es el «lenguaje-palabra», el lenguaje de nuestra habla.
El hombre es un animal parlante, pero, lo que distingue al hombre de los demás animales es poseer un lenguaje capaz de hablar consigo mismo. El lenguaje no es sólo un instrumento del comunicar, sino también del pensar.
Es el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita lo que desarrolla una civilización, con el salto de tecnológico de la imprenta fue posible que la cultura fuera accesible para todos , con el tiempo inventos como el teléfono, la radio y periódicos hizo que esto fuera más eficiente. Con el invento de la televisión se produce una ruptura, porque, en la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar, todo está en función de la imagen, comenta la imagen, y como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico.
Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras y esto lo aleja de ser un animal simbólico.
1.2. El proceso tecnológico
Los procesos tecnológicos molestan porque cambian los órdenes constituidos, sin embargo no podemos generalizar .En este caso esta telégrafo, el teléfono, la radio y la imprenta a los cuales se les dio la bienvenida e incluso hizo posible algunos hechos históricos, si hubo alguna objeción por esto, no fueron a los instrumentos, sino a su contenido.
En efecto hemos pasado, o estamos pasando, a una edad «multimedia» en la cual, como su nombre indica, los medios de comunicación son numerosos y la televisión ha dejado de ser la reina de esta multimedialidad. El nuevo soberano es ahora el ordenador. No sólo unifica la palabra, el sonido y las imágenes, sino que además introduce en los «visibles» realidades simuladas, realidades virtuales, Las cuales exageran la realidad y nos muestran un sinfín de posibilidades.
1.3. El vídeo niño
La palabra es un símbolo que debemos descifrar, eso nos hace entender. Se resuelve en lo que significa, en lo que nos hace entender. Por el contrario, la imagen solo tienes que verla para entenderla. La televisión no es un anexo; es sobre todo una sustitución que modifica sustancialmente la relación entre entender y ver. Así se ve a la televisión como un instrumento de cambio del ser humano.
Los niños se pasan horas ante la televisión antes de aprender a leer y escribir y absorben todo lo que ven: al no comprender, no discriminan la información. La imagen se convierte así en el primer contacto con la "realidad"; un contacto fácil por su inmediatez. La ausencia de esfuerzo que conlleva desemboca en el desarrollo de actitudes perezosas y conformistas, acostumbrándonos a responder únicamente ante estímulos audiovisuales. Ello degenera, además, en la creencia de que la cultura del libro es de unos pocos, es elitista, mientras que la otra, la audiovisual, es de la mayoría.
1.4. Progresos y regresiones
No todo progreso tecnológico desemboca es un progreso por definición. Para la Ilustración, implica un crecimiento de la civilización hacia algo mejor. Y la televisión no tiene por qué serlo necesariamente.
La televisión beneficia y perjudica, ayuda y hace daño. No debe ser exaltada en bloque, pero tampoco puede ser condenada indiscriminadamente.
La TV es positiva en tanto en cuanto entretiene. Asimismo, estimula, Pone a nuestro alcance el mundo entero, El problema surge cuando lo transforma todo en espectáculo, además de que fomenta el empobrecimiento de la capacidad de entender y lo sustituye por la acción de aceptar (lo que la minoría ofrece para el entretenimiento de las masas), es decir, que antes bien ser la televisión un factor estimulante de cultura y humanidad, es en realidad una herramienta empleada para generar más maza cada día, de una forma más dominable.
1.5. El empobrecimiento de la capacidad de entender
El homo sapiens debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Algunas palabras llevan a la mente figuras e imágenes de cosas visibles. Pero esto sólo sucede con algunos nombres propios y palabras concretas, las llamadas palabras "denotativas" (casa, mujer, gato, coche, etc.).Pero la mayoría de nuestro vocabulario consiste en palabras abstractas, que no tienen ningún correlato en cosas visibles, y cuyo significado no se puede trasladar ni traducir en imágenes. Esto quiere decir que podemos "ver" la palabra ciudad, pero no, por ejemplo, "nación", "paro", "felicidad", etc. Y nuestra capacidad de administrar la realidad, en especial la política, económica y social, se fundamente exclusivamente en un pensamiento conceptual que representan entidades invisibles e inexistentes para el ojo humano. El problema aparece porque algunas palabras abstractas son en cierto modo traducibles en imágenes, pero lo son de una forma distorsionada. Por ejemplo, la felicidad se muestra con la imagen de un rostro que expresa alegría; el paro con la imagen de un desempleado; la libertad con un ex convicto que sale de la cárcel, etc. Además, aunque no hubiera tal distorsión, la imagen de una persona libre no nos explica la libertad, ni la de una persona feliz, la felicidad.
Así, el saber del homo sapiens, que se desarrolla en la esfera de un mundus intelligibilis, pasa a desarrollarse en un mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos. La televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible, produciendo imágenes y anulando conceptos, atrofiando de ese modo nuestra capacidad de abstracción y, con ella, nuestra capacidad de entender.
Kant dijo que la idea es un concepto necesario de la razón al cual no puede ser dado en los sentidos ningún objeto adecuado. Por lo tanto, lo que vemos no produce ideas, pero se insiere en ellas, que lo encuadran y lo "significan". Y éste es el proceso que se atrofia cuando el lenguaje conceptual o abstracto es sustituido por el lenguaje perceptivo o concreto, que es infinitamente más pobre. Más pobre no sólo en cuanto a número de palabras, sino sobre todo en cuanto a riqueza de significado o capacidad connotativa.
1.6. Contra-Deducciones
La llegada de la televisión y después de la tecnología multimedia es absolutamente Inevitable. Pero por el hecho de ser inevitable no debe aceptarse a ciegas. Sería ideal que el hombre leyera tanto como viera, sin embargo existe una rivalidad entre el hombre que lee y el hombre que solo ve (homo videns).El hombre que lee está en decadencia.
La imagen en sí misma no se entiende tiene que ser explicada algo que la televisión no hace muy bien, si esto fuera así y la televisión si explicara correctamente, el hombre podría leer tanto como ve. Lo malo es que está llegando a la mayoría, ya que la mayoría puede acceder a este servicio. Es finalmente así que podemos visualizar este empobreciendo del acto de entender a través de los pueblos convertidos en masas, o de nuestros prometedores niños convertidos en video-niños.
1.7. Internet y cibernavegación.
El internet al ser un medio interactivo (algo que no posee la televisión, es decir el ordenador con su sistema matemático le ha quitado el protagonismo a la televisión mostrando mundos llenos de posibilidades imaginarias).
Internet se puede utilizar de tres maneras:
1.7.1. una utilización estrictamente práctica:
Lo utilizan para administrar sus asuntos, llámese trabajo, estudio, etc.
1.7.2. una utilización para el entretenimiento:
Internet proporciona productos a medida de diferentes intereses, la televisión en cambio generaliza .Pero la televisión se ha llegado a fragmentar en distintos grupos dándole batalla al internet. La televisión triunfa entre aquellos que solo quieren mirar y recibir información no tan profunda, y el internet entre aquellos que quieren hacer más que esto. Se llega a concluir que cada persona de entretienen a su modo.
1.7.3. Una utilización educativo-cultural:
Las personas que han crecido siendo un homo videns crearan en el internet una rutina ya formada por la televisión. Las posibilidades de Internet son infinitas, para bien y para mal. Si una persona quiere buscar información para su crecimiento intelectual el internet será beneficioso, pero la mayoría de los usuarios de internet no es de este tipo, más bien ven la internet como algo para pasar el rato. Se pensara que esto no tiene nada de malo. Es verdad, pero tampoco hay nada bueno. Y; por supuesto, no representa progreso alguno, sino todo lo contrario.
La televisión va ganado ante la internet, ya que la televisión está en casi todos los hogares, en cambio el internet es accesible para personas que pueden pagar por el acceso. La televisión nos muestra una realidad que nos atañe de verdad, mientras que el cibermundo nos enseña imágenes imaginarias. Vivir en el ciberespacio se torna aburrido en sí.
Por tanto, continúa siendo verdad que hacia finales del siglo xx, el homo sapiens ha entrado en crisis, una crisis de pérdida de conocimiento y de capacidad de saber.
La opinión tele dirigida
1.8. Vídeo política
La televisión se caracteriza por: entretener, divertir y relajar; pero también invade nuestras vidas influenciándonos por medio de la “información” que termina siendo de deportes, sucesos o diferentes catástrofes.
Sin embargo las noticias acerca de política, son las de mayor importancia objetiva, aunque a muchos no les interese, saber de política es muy importante porque la política condiciona toda nuestra vida.
El termino video política hace referencia solo a unos de los múltiples aspectos del poder del video. En este caso hará referencia solo al proceso electoral, desarrollaremos tres temas: la formación de la opinión pública, como incide en el político elegido y como es elegido y por ultimo como la televisión ayuda o por el contrario obstaculiza la “buena política”.
1.9. La formación de la opinión
¿Cómo nace y como se forma una opinión pública?
La opinión pública es un dato. Es una idea innata que implica argumentos de la naturaleza pública. Cabe destacar que es correcto decir «opinión» son convicciones frágiles y variables. La democracia representativa no se caracteriza como un gobierno del saber sino como un gobierno de la opinión, que se fundamenta en un público sentir de responsabilidad pública. Con la televisión, la autoridad es la visión en sí misma, es la autoridad de la imagen. No importa que la imagen pueda engañar aún más que las palabras, como veremos más adelante. Lo esencial es que el ojo cree en lo que ve; y, por tanto, la autoridad cognitiva en la que más se cree es lo que se ve. La televisión refleja los propios cambios que promueve e inspira a largo plazo.
1.10. El gobierno del sondeo
Nos indican en porcentajes «lo que piensa la gente».
Los sondeos de opinión consisten en respuestas que se dan a preguntas (formuladas por el entrevistador). Pues, ¿quién se deja influenciar o asustar por los sondeos?, el sondeo dirigido a menudo se deja engañar en la falsedad y por la falsedad.
1.11. Menos información
Informar es proporcionar noticias, y esto incluye noticias sobre nociones. Se puede estar informado de acontecimientos, pero también del saber. Aun así debemos puntualizar que información no es conocimiento, no es saber en el significado heurístico del término. Acumular nociones, repito, no significa entenderlas. Numerosas informaciones son sólo frívolas, sobre sucesos sin importancia. Otras informaciones, por el contrario, son objetivamente importantes porque son las informaciones que constituirán una opinión pública sobre problemas públicos, sobre problemas de interés público.
Sub información entiendo una información totalmente insuficiente que empobrece demasiado la noticia que da, o bien el hecho de no informar, la pura y simple eliminación de nueve de cada diez noticias existentes. Por tanto, sub información significa reducir en exceso. Por desinformación entiendo una distorsión de la información: dar noticias falseadas que inducen a engaño al que las escucha.
Lo peor de todo es que el principio establecido de que la televisión siempre tiene que «mostrar», convierte en un imperativo el hecho de tener siempre imágenes de todo lo que se habla, lo cual se traduce en una inflación de imágenes vulgares, es decir, de acontecimientos tan insignificantes como ridículamente exagerados.
La obligación de «mostrar» genera el deseo o la exigencia de «mostrarse». Esto produce el pseudo acontecimiento, el hecho que acontece sólo porque hay una cámara que lo está rodando, y que, de otro modo, no tendría lugar. El pseudo-acontecimiento, es pues, un evento prefabricado para la televisión y por la televisión.A veces esta fabricación está justificada, pero aun así, no deja de ser algo «falso» expuesto a serios abusos y fácilmente queda como verdadera desinformación.
El hecho de informarse requiere una inversión de tiempo y de atención; y llega a ser gratificante es un coste que compensa sólo después de que la información almacenada llega a su masa crítica.Obviamente la prensa escrita alimentaba unos intereses y una curiosidad que la vídeo-política ha ido apagando.
1.12. Más desinformación
Analicemos qué es la verdadera desinformación: no informar poco (demasiado poco), sino informar mal, distorsionando.
Es comprensible que no se pueda imputar a la televisión que no muestre lo que no puede mostrar. Se deduce que cuanto más tiránico y sanguinario es un régimen, más lo ignora la televisión, y por tanto, lo absuelve. La televisión penaliza a los países libres y protege a los países sin libertad en los que las dictaduras gobiernan matando.
A las estadísticas falsas hay que añadir, como factor de distorsión, la entrevista casual. A la televisión le encanta dar la palabra a la gente de la calle, o similares. El resultado es que se presenta como verdadero lo que con frecuencia no es verdad. Las opiniones más facciosas y necias adquieren la densidad de una corriente de pensamiento. Poco a poco la televisión crea la convicción de que cualquiera que tenga algo que decir, o algo por lo que quejarse, tiene derecho a ser escuchado. Inmediatamente. Y con vistosos signos de aprobación por parte de los entrevistadores. El uso y el abuso de la gente en directo hacen creer que ahora ya puede tomarse cualquier decisión en un momento por aclamación popular. Además de falsas estadísticas y entrevistas casuales, la desinformación se alimenta de dos típicas distorsiones de una información que tiene que ser excitante a cualquier precio (premiar la excentricidad y privilegiar el ataque y la agresividad).
Pero el mundo real no es espectáculo y el que lo convierte en eso deforma los problemas y nos desinforma sobre la realidad; peor no podría ser. Así pues, el problema se resuelve vaporizando la noción de información y diluyéndolas en residuo en un comunicar que es solamente «contacto».
1.13. También la imagen miente
No miente, no puede mentir, porque la imagen es la que es y, por así decirlo, habla por sí misma. Si fotografiamos algo, ese algo existe y es como se ve. La televisión puede mentir y falsear la verdad, exactamente igual que cualquier otro instrumento de comunicación. La diferencia es que la «fuerza de la veracidad» inherente a la imagen hace la mentira más eficaz y, por tanto, más peligrosa. Una fotografía miente si es el resultado de un fotomontaje. La verdad es que para falsear un acontecimiento narrado por medio de imágenes se hacen falta tan pocos recursos como son un buen software y alguien dispuesto a realiza su cometido.
¿Y LA DEMOCRACIA?
1.14. Vídeo elecciones
Ya en los tiempos en los que sólo había periódicos, la pregunta era: ¿en qué medida influye el periódico en la decisión de los electores? Las noticias televisivas influyen de un modo decisivo en las prioridades atribuidas por las personas a los problemas nacionales y las consideraciones según las cuales valoran a los dirigentes políticos. Son muchos los que consideran que tres o cuatro millones de nuestros electores están tele-guiados. Por otra parte, tenemos el hecho de que esta medición excluye a los que no cambian el voto, probablemente porque las incitaciones de los medios de información se neutralizan.
Los efectos de la vídeo-política tienen un amplio alcance. La televisión personaliza las elecciones. En la pantalla vemos personas y no programas de partido. La televisión nos propone personas en lugar de discursos. Además, el sistema electoral es una variable importante. El poder del vídeo es menor cuando el voto se da a listas de partido, y adquiere toda su fuerza cuando el sistema electoral está personalizado, cuando se vota para candidatos únicos. El sistema electoral y el sistema de partidos son variables importantes en lo que concierne al hecho de favorecer u obstaculizar la despersonalización de la política.
La vídeo-política tiende a destruir el partido, ya que el rastreo de votos ya no requiere una organización capilar del partido de sedes y activistas. La vídeo-política reduce el peso y la esencialidad de los partidos, les obliga a transformarse. Ya no es necesario el “partido de peso”; el “partido ligero” es suficiente.
1.15. La política video-plasmada
En el pasado, el representante era enormemente independiente de sus electores. El gentleman político no estaba ligado a partido alguno y era elegido sin oposición. A lo largo del siglo XX, el partido prevalece sobre los miembros electos. Cuanto más vota el elector al símbolo, a la ideología o al programa de un partido, más dependen los candidatos de su partido para ser elegidos. Hoy esta dependencia se está reduciendo. Estamos pasando al representante o colegio-dependiente o video-dependiente. El representante liberado del control del partido no tiene porqué ser un representante que funcione mejor. En la colegio-dependencia, al final, toda la política se resuelve en la política local. Este supuesto progreso democrático transforma el parlamento en una constelación de intereses particulares en conflicto. De este modo, cuanto más local se hace la política, más desaparece la visión y la búsqueda del interés general, del bien de la comunidad.
¿Cuáles son las culpas de la televisión en el aumento del localismo? La televisión tiende a concentrarse en noticias locales. Los políticos tienen cada vez menos relación con los acontecimientos genuinos y cada vez se relacionan más con “acontecimientos mediáticos”. La vídeo-política atribuye un peso absolutamente desproporcionado a quien no representa una “fuente autorizada”, a quien no tiene ningún título de opinion maker. Esto representa un pésimo servicio a la democracia como gobierno de opinión. Además, la televisión favorece la emotivización de la política. Aquí nos encontramos con un problema, ya que el saber es logos, no espathos, y para administrar la ciudad política es necesario el logos. Así, la cultura de la imagen rompe el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad. La racionalidad del homo sapiens está retrocediendo.
1.16. La aldea global
La televisión anula las distancias visuales, dándole globalidad a la misma. La cámara de televisión no llega a la mitad del mundo, lo que significa que existe un mundo oscurecido y que la televisión incluso consigue que nos olvidemos de él. Al periódico saber lo que sucede en el mundo le cuesta poco dinero, pero desplazar a una troupe televisiva le cuesta muchísimo. Por este criterio, noventa y nueve de cada cien acontecimientos no se nos muestran.
Nuestra proyección hacia el mundo nos deja “sin sentido de lugar”. La televisión fusiona comunidades distintas y de este modo hace cualquier causa un objetivo de preocupación para cualquier persona del mundo. Esto nos enfrenta a un acontecimiento mediático que apela a una sensibilidad humana común. La cuestión es que “cualquier lugar del mundo” y “mi tierra” se amalgaman entre sí. Según McLuhan, la televisión fragmenta el mundo en una miríada de aldeas reduciéndolo a formato aldea, reforzando el localismo. En cuanto causas lejanas nos afectan al bolsillo y en primera persona, la pequeña patria prevalece y el localismo no atiende a razones. La alternativa de este escenario es la nación de tribu. Esta es una nación de personas que se relacionan sólo con afiliados con los que están de acuerdo y permanecen completamente ignorantes de la múltiple realidad de los “otros”.
La televisión está homogeneizando los modelos de vida y los gustos en todo el mundo, pero esto no modifica el problema planteado por el localismo y la aldeización. Cuando nos enfrentamos a un problema concreto, la aldea triunfa y se desvanece la idea de ser de cualquier lugar del mundo. En concreto, la televisión a veces promueve una mente aldeanizada y a veces una mente globalizada, siempre y cuando estas no colisionen, puesto que prevalecería la mente empequeñecida.
1.17. El demos debilitado
Democracia quiere decir, literalmente, pueblo. El pueblo soberano es titular del poder. ¿De qué modo y en qué grado puede ejercitarlo? La mayor parte del público no sabe casi nada de los problemas públicos. La base de información del demoses de una pobreza alarmante. En la democracia representativa el pueblo no decide propiamente las issues sino que se limita a elegir quién las decidirá. El problema es que la democracia representativa ya no nos satisface, y por ello reclamamos dosis más crecientes de directísimo, de democracia directa. Ésta representará una mayor democracia. Pero para serlo realmente, a cada incremento de demo-poder debería corresponderle un incremento de demo-saber. Se entiende que la educación es importante. El problema es que, en general, la educación no produce necesariamente efecto de arrastre alguno sobre la educación política.
Hasta ahora no he insistido sobre la distinción entre información y competencia cognoscitiva. Cuando hablamos de personas políticamente educadas debemos distinguir entre quien está informado de política y quien es cognitivamente competente para resolver los problemas de la política. Lo importante es que cada maximización de democracia, cada crecimiento de directísimo requiere que el número de personas informadas se incremente, pero esta dirección se está invirtiendo, acercándonos a un demos debilitado. El mundo en imágenes que nos ofrece el vídeo-ver desactiva nuestra capacidad de abstracción. Los directistas distribuyen permisos de conducir sin preguntarse si las personas saben conducir. Nos encontramos también ante un demos debilitado en clave de “pérdida de comunidad”. La televisión crea una “multitud solitaria” incluso entre las paredes domésticas. Lo que nos espera es una soledad electrónica. El televisor reduce al mínimo las interacciones domésticas.
El hecho de que la información y la educación política estén en manos de la televisión representa serios problemas para la democracia. Quienes seleccionan las informaciones se convierten en administradores del dominio simbólico de las masas. El poder pasa al Gran Hermano electrónico.
1.18. Regnum hominis y hombres bestias
Bacon preveía un regnum hominis en el que el saber científico le daría al hombre el poder de dominar la naturaleza. Ya no tenemos un hombre que reina gracias a la tecnología inventada por él, sino más bien un hombre sometido a la tecnología. El inventor ha sido aplastado por sus inventos. En teoría política la solución la encontramos en postular que el elector es racional por definición. El defecto del argumento es que no hay racionalidad alguna en una elección que maximiza la utilidad percibida. Un elector racional es un elector que sabe elegir la utilidad bien entendida.
La desproporción entre el producto que se ofrece en la red y el usuario que lo debería consumir es colosal y peligrosa. Un aspecto ulterior de nuestro modo de ser y vivir es la creciente y omnipresente artificialización. En la edad digital nuestro quehacer se reduce a pulsar botones de un teclado. La hipermediatización nos priva de experiencias nuestras, experiencias de primera mano y nos deja a merced de experiencias de segunda mano. No hay libro ni representación que pueda hacer las veces de nuestro propio error. El hombre sólo puede reconocer el propio hacer.
Para Vico, nuestra sociedad está pensada con gran imaginación como una sociedad de horribles bestias desprovistas de capacidad de reflexión pero dotadas de fuertes sentidos y enorme fantasía. El hombre del postpensamiento, incapaz de una reflexión abstracta y analítica, que cada vez más balbucea ante la demostración lógica y la deducción racional, pero a la vez fortalecido en el sentido del ver y en el fantasear se parece mucho al hombre de hoy en día. Se le parece también en la credulidad y en la superstición. El progreso de la ciencia liberaría al hombre de las creencias irracionales. No obstante el hombre sigue creyendo porque no hay razón alguna para no creer.
1.19. La competencia no es un remedio
En la televisión más que en ningún otro medio es el productor el que produce al consumidor. Hay quienes creen que la televisión mejorará cuando de verdad haya un orden plural y competitivo estimulado por la concurrencia de las televisiones privadas. Según la teoría de la competencia, el consumidor debería castigar la deficiente producción de noticias, exactamente igual que castiga la deficiente producción de frigoríficos y de automóviles. Pero no sucede así.
Ocho de cada diez noticias son las mismas en todas las cadenas. Los supuestos competidores juegan sobre seguro; en lugar de diferenciarse se superponen. La competencia entre los medios de comunicación no produce beneficios concurrentes sino más bien un deterioro de los productos. Karl Popper ha escrito que una democracia no puede existir si no se controla la televisión. Pero no veo con claridad cómo puede controlarse la libertad de expresión. Es muy importante reaccionar protestando frontalmente contra la arrogancia y la charlatanería intelectual del negropontismo.
1.20. Racionalidad y postpensamiento
El contraste que estoy perfilando entre homo sapiens y homo insipiens no presupone idealización alguna del pasado. El homo insipiens siempre ha existido. Las autopistas de internet se abren cada vez más a las pequeñas locuras, a las extravagancias y a los extraviados. Así, aunque los pobres de mente y de espíritu han existido siempre, la diferencia es que en el pasado no contaban, mientras que hoy se encuentran, se multiplican y se potencian.El hombre se ha reducido a ser pura relación, inmerso en el incesante flujo mediático. El gobierno de los sondeos, los referendos y la demagogia del directismo atribuyen los problemas a los políticos y la solución a la gente. En todo ello, la televisión agranda los problemas y prácticamente anula el pensamiento que los debería resolver. Esto propone una pérdida de pensamiento, una caída banal en la incapacidad de articular ideas claras y diferentes. Hemos fabricado, con los diplomas educativos, un proletariado intelectual sin ninguna consistencia intelectual. Los medios de comunicación son administrados por personas sin cultura. Y como las comunicaciones son un formidable instrumento de autopromoción han sido suficientes pocas décadas para crear el pensamiento insípido.
Actualmente, proliferan las mentes débiles. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. De este modo refuerza y multiplica al homo insipiens. No es verdad que la pérdida de la cultura escrita está compensada por la adquisición de una cultura audio-visual. El hombre renuncia al vínculo lógico, a la secuencia razonada, a la reflexión que necesariamente implica el regreso a sí mismo. Cede ante el impulso inmediato, cálido, emotivamente envolvente. La cultura audio-visual es inculta y, por tanto, no es cultura. La costumbre consiste en llenar las aulas de televisores y procesadores. La escuela consolida al vídeo-niño en lugar de darle una alternativa. Sucede lo mismo con los periódicos: imitan y siguen a la televisión, aligerándose de contenidos serios. Y a quien me dice que estas acciones son retrógradas, le respondo: ¿y si por el contrario fueran vanguardistas?
son suficientes unas tijeras. Además, no es absolutamente cierto que la imagen hable por sí misma.
Referencias bibliográficas
Blázquez, F (S.f.) sociedad de la información y educación, consultado el 7 de julio del 2014 en http://tecnologiaedu.us.es/tecnoedu/images/stories/soc_ed.pdf
Calvillo, G (2008.). Información de interés nacional, consultado el 07 de julio del 2014 en http://www.inegi.org.mx/rne/docs/Pdfs/Mesa4/19/GilbertoCalvillo.pdf
Chiavenato, I (2006.) Introducción a la Teoría General de la Administración, (7a ed.), consultado el 08 de julio del 2014